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Paramédicos de Guanajuato, héroes en la oscuridad de Acapulco tras el huracán Otis

La ciudad de Acapulco, sumida en la oscuridad y la desolación tras el paso del huracán Otis, se convirtió en un escenario apocalíptico para los paramédicos del Sistema de Urgencias del Estado de Guanajuato (SUEG). Arturo Magos Rangel, licenciado en Enfermería y veterano de ocho años en la profesión, relató sus impactantes experiencias al llegar al puerto el 27 de octubre.

“Fue impresionante la destrucción. Era de noche. No había luz en Acapulco. Solo la luz de los vehículos y las torretas iluminando los edificios, eran literal, como una ciudad zombi”, expresó Magos, destacando la intensidad de la tragedia que enfrentaron. La falta de preparación para ese escenario apocalíptico marcó su llegada a una Acapulco irreconocible.

Junto a otros 21 profesionales médicos, Magos formó parte de la brigada del SUEG que respondió al llamado de auxilio en las peores condiciones imaginables. Dos ambulancias, vehículos de rescate y una unidad médica móvil con un consultorio portátil fueron desplegados, llevando consigo medicamentos, material de curación y un equipo diverso compuesto por médicos, enfermeros, epidemiólogos, verificadores sanitarios, paramédicos y promotores de salud.

Las vicisitudes comenzaron desde su salida a las 7:00 de la mañana desde Guanajuato. La falta de víveres y gasolina en Chilpancingo, la capital de Guerrero, presentó un desafío adicional. Sin reserva de combustible, la brigada batalló para conseguirlo, superando obstáculos antes de llegar a la Base Naval en Acapulco, donde se enfrentaron a la falta de albergue y durmieron en sus vehículos.

La luz del día reveló la magnitud del desastre, llevándolos a la Base Aérea Naval, donde finalmente recibieron apoyo. Asignados a colonias urbanas y comunidades rurales alejadas de la zona turística, como Renacimiento, Pie de la Cuesta, Llano Alto y Llano Viejo, iniciaron las atenciones médicas. Consultas por malestares y curación de heridas ocuparon sus jornadas, enfrentándose a la falta de asistencia médica durante tres críticos días.

Alfredo Rojas Galván, también licenciado en Enfermería, con una década de experiencia en el SUEG, resaltó la rutina diaria de trabajo, iniciando a las 8:00 de la mañana y concluyendo entre 4:00 y 5:00 de la tarde. La orden del Ejército de regresar a la base a las 6:00 de la tarde, en vista de la oscuridad persistente, revela la precaria situación de seguridad en la ciudad. Grupos de soldados acompañaban a los paramédicos, garantizando su resguardo ante la falta de luz eléctrica.

Estos héroes anónimos enfrentaron el caos, llevando esperanza y cuidado a Acapulco en su hora más oscura. Su valentía y dedicación resaltan la importancia de la labor humanitaria en medio de la adversidad.

 

Fuente: Am.com

Redacción

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